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Cristina y el odio
Por Tabaré - Todo lo que se pueda decir del decir de la enfermedad de Cristina, de la basura mediática ya estuvo encriptado en una mente que escribió ya hace más de medio siglo: viva el cáncer. Viva el cáncer era la muerte de Eva Perón. Poco se puede agregar de una persona que se monta de una enfermedad, para saltar sobre el objeto que desea muerto –muerta en este caso-, empujada, exhibido en una jaula como en la época de la inquisición o simplemente fusilada.
Es lo que han hecho para tomar el poder y gozar el ser los privilegiados que manejan el mundo. Son la Cruz y la Espada en la conquista y colonización, son los ejércitos liberadores de la guerra de la Triple Vergüenza y el genocidio al pueblo paraguayo. Son el Plan Cóndor, creadora de la máquina exterminadora de su propio pueblo.
Son el imperio.
Están en otro lado. Del otro lado de la moral y poco se puede agregar de ellos, ellas, sólo que tienen una mente destructiva de todo aquello que no sean sus intereses de clase. Carlos Marx sigue vivo, galopa con su gran barba por América nuestra, junto al Chacho, Artigas, Bolívar y Juan Moreira, nuestro hombre rebelde.
Y aquí nosotros, soportando la injuria de los medios masivos, Clarín y su secuaces para poner las cosas en claro. Clarín como apéndice de la gran voz: las multinacionales, de los dueños de la riqueza del mundo y su imperio de muerte y destrucción.
¿Y que arma han encontrado? El Odio. Nada nuevo, ya Sarmiento derrama odio contra Facundo, contra el gaucho. El odio es un arma letal y, el odio como la envidia, son los sentimientos más repugnantes del alma humana, los más ocultos: Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad. Puede ser. Hay otras teorías: el odio es un sentimiento irreductible que no es definible en absoluto. Hume.
El odio existe en cada uno, en cada persona. Oculto entre pliegues internos, soterrado, muchas veces auto reprimido, digamos, cada persona lo “sociabiliza” de acuerdo a su capacidad. Lo que no podemos negar es su existencia. El asunto es cuando desde objetivos inconfesables, se comienza una campaña de odio, de hacer que eso que tenemos amañado por allá dentro, emerja. ¿Cómo Hitler – no él solo por supuesto- logró que del pueblo alemán brotara el odio contra todo lo que significara judío? Odio de humillar, matar niños, asesinar ancianas, humillarlos hasta ver donde llegaba, cual era el límite del odio.
¿Cómo brota el odio en la sociedad de masas? Inducido.
¿De que mente nació: viva el cáncer? ¿Eva, Evita, era una asesina? ¿El general Perón era realmente un ser deleznable? ¿Dónde nace el odio en el 55, donde ahora contra Néstor Kirchner primero y, mucho más contra Cristina? ¿Donde está la matriz que fogonea, machaca cada día, induce cada día hacia el odio?
No es posible llegar a una verdad pero sí a un interrogante ¿a quiénes y a qué intereses conviene en este momento sacar el odio de grandes sectores? Seguramente habrá alguien que pueda explicarlo científicamente, uno simplemente desde el llano, ve como y donde sale el fogoneo: el poder. Los conocidos de siempre están detrás de esta arremetida.
Y no les importa las consecuencias. Sacar el odio es algo peligroso, tanto en lo individual como en lo colectivo. Sin embargo es ahí donde vienen trabajando a destajo. La calumnia, la injuria, las complicidades –muchas inconscientes-, de la justicia, sectores políticos que saben, figurarán en tanto pregonen el odio.
Quién ha entendido por intuición o inteligencia el momento, es Jorge Lanata: va al odio, directamente. Descalifica de manera perversa cada acción de Cristina o entorno. Injuria, falsifica pruebas. Sabe que detrás están los tanques mediáticos y detrás el poder, el imperio. Cada día tracciona en ese sentido.
Entonces ya estamos en su terreno, el poder ha logrado que no se hable de política, ni de economía, ni cual es otro posible camino, etc. No. Es hora de hablar de las corbatas de Lastiri (los jóvenes no entenderán esto), la cantidad de pares de zapatos del general Perón, las joyas de Eva. Revolver basura. En la basura está el odio.
El Odio a Cristina no es nada nuevo. Es un arma que saca el poder cuando lo necesita y lo utiliza como su única y real bandera. Detrás, esconden la mano, que no se vea quién está tirando piedras y por qué. ¿Por qué? Por guita baila el mono. Hay intereses económicos y una estructura cultural afectada.
Cuando, con certeza, Cristina habló del país cangrejo, que camina para atrás, por elevación estaba hablando de los dueños del odio. Que objetivos tienen. ¿Qué fuerza podemos oponer al odio? Eso lo tiene que decidir usted. ¿De nuestro lado qué?
Lo seguro: no es el odio. De este lado, detrás, delante o en periferias ideológicas pero siempre de este lado, estamos junto a Cristina, a la patria de todos y todas.
No al odio.