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	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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	<description>CTA-T, central sindical que agrupa a sindicatos y movimientos sociales en defensa de los derechos laborales y populares en Argentina.</description>
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		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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		<title>El crimen pol&#237;tico</title>
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		<dc:creator> Osvaldo Bayer</dc:creator>


		<dc:subject>Enfoque</dc:subject>

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&lt;p&gt;El coronel Ram&#243;n Falc&#243;n hab&#237;a sido el represor del acto de la FORA, la central obrera anarquista, el 1&#186; de mayo de 1905. Ese d&#237;a se llevaban a cabo dos actos por el D&#237;a del Trabajador. Los socialistas por un lado y los anarquistas por el otro. Estos se reunieron en Plaza Lorea, casi todos obreros de origen italiano, espa&#241;ol, portugu&#233;s y ruso. Llevaban banderas rojas y gritaban: &#8220;&#161;Mueran los burgueses!, &#161;guerra a la burgues&#237;a!&#8221;. Al frente iban las banderas rojas, bordadas con letras doradas. (&#8230;)&lt;/p&gt;


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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;El coronel Ram&#243;n Falc&#243;n hab&#237;a sido el represor del acto de la FORA, la central obrera anarquista, el 1&#186; de mayo de 1905. Ese d&#237;a se llevaban a cabo dos actos por el D&#237;a del Trabajador. Los socialistas por un lado y los anarquistas por el otro. Estos se reunieron en Plaza Lorea, casi todos obreros de origen italiano, espa&#241;ol, portugu&#233;s y ruso. Llevaban banderas rojas y gritaban: &#8220;&#161;Mueran los burgueses!, &#161;guerra a la burgues&#237;a!&#8221;. Al frente iban las banderas rojas, bordadas con letras doradas. Rompieron algunas vidrieras de los negocios que no hab&#237;an cerrado sus puertas, lo mismo que atacaron a los conductores de tranv&#237;as que no se hab&#237;an sumado al paro.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;En ese momento lleg&#243; un auto al cruce de la Avenida de Mayo con Salta, en el que viajaba nada menos que el jefe de la Polic&#237;a, coronel Falc&#243;n. Frente a su presencia, los anarquistas reaccionaron al grito de &#8220;abajo el coronel Falc&#243;n&#8221;, &#8220;mueran los cosacos&#8221;, &#8220;guerra a los burgueses&#8221;. A Falc&#243;n, directamente le gritaban &#8220;perro&#8221;. Esa fue la se&#241;al para que el jefe de polic&#237;a ordenara el ataque de los uniformados contra las masa obrera. Se desat&#243; una lluvia de balas y, con ellas, comenz&#243; uno de los grandes dramas de las luchas obreras. Atac&#243;, adem&#225;s, la caballer&#237;a de la polic&#237;a. Ca&#237;an los obreros, la plaza se qued&#243; vac&#237;a y el pavimento sembrado de gorras y charcos de sangre. Fueron recogidos tres cad&#225;veres de militantes obreros: Miguel Beche, espa&#241;ol, vendedor ambulante; Jos&#233; Silva, espa&#241;ol de 23 a&#241;os, tendero; y Juan Semino, argentino de 19 a&#241;os, alba&#241;il. Luego morir&#237;an tres espa&#241;oles. Los heridos eran rusos, italianos y epa&#241;oles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El coronel Falc&#243;n clausur&#243; los locales anarquistas y encarcel&#243; a sus dirigentes. En respuesta, los obreros socialistas se unieron a los anarquistas y proclamaron el paro general por tiempo indeterminado. Lo levantar&#237;an solamente si renunciaba el coronel Falc&#243;n. Sesenta mil obreros acompa&#241;aron al cementerio los restos de los compa&#241;eros ca&#237;dos. Por su parte, el coronel Falc&#243;n concurri&#243; al cementerio de la Recoleta para asistir a las exequias de su amigo Ballv&#233;, director de las penitenciar&#237;as. En el coche en el que viajaba Falc&#243;n iba tambi&#233;n el joven Lartigau, su secretario particular. Cuando el coche tom&#243; por la avenida Callao, un joven con un paquete en la mano comenz&#243; a correr al lado del mismo y, cuando dobl&#243;, el joven le arroj&#243; el paquete al veh&#237;culo que inmediatamente explot&#243;. El agresor fue perseguido y se peg&#243; un tiro en el pecho para no ser apresado con vida. El coronel Falc&#243;n qued&#243; malherido y muri&#243; horas despu&#233;s, igual que su secretario, el joven Lartigau.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El que arroj&#243; las bombas era el anarquista ruso Sim&#243;n Radowitzky. Enseguida fue agredido por la multitud, ante la cual grit&#243; desafiante: &#8220;&#161;Viva el anarquismo! No me importa: para cada uno de ustedes tengo una bomba.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una vez capturado fue conducido al hospital donde se comprob&#243; que hab&#237;a sufrido unas heridas leves. Era ruso y solo ten&#237;a 18 de edad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fue juzgado y condenado a muerte, pero el ruso demostr&#243; que era menor de edad. La ley no permit&#237;a la pena de muerte para un menor. Por ello, fue condenado a prisi&#243;n perpetua y trasladado meses despu&#233;s a la prisi&#243;n de Tierra del Fuego. All&#237; sufri&#243; toda clase de castigos, entre ellos la tortura. Por muchos a&#241;os, la vida de Radowitzky entr&#243; en un cono de silencio. Ya nadie hablaba de &#233;l como si nada hubiera ocurrido. Hasta que un d&#237;a sali&#243; en la tapa de todos los diarios del pa&#237;s: &#8220;Radowitzky huy&#243; de la c&#225;rcel de Ushuaia&#8221;. Pero no tuvo suerte y fue apresado cuando emprend&#237;a el camino a Chile.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por muchos a&#241;os m&#225;s, la vida de Radowitzky volvi&#243; al silencio. Ya nadie hablaba de &#233;l como si la fuga hubiera sido su cap&#237;tulo final. S&#243;lo en los c&#237;rculos anarquistas el mito de su figura iba creciendo con el tiempo. En 1925 &#8211;a siete a&#241;os de la fuga&#8211; un periodista del diario La Raz&#243;n logr&#243; entrevistar al preso en Ushuaia. As&#237; lo describ&#237;a: &#8220;Sim&#243;n es un sujeto de mediana estatura. Delgado, frente despejada y algo calvo, quijada prominente, cejijunto y ojos peque&#241;os, vivos. Tiene 34 a&#241;os y hace 16 que est&#225; en presidio en el que trabaj&#243; de todo. Su celda es modelo de limpieza y en ella se ven retratos de familia. Es voluntarioso para hablar, casi dir&#237;amos locuaz. Sostiene que mat&#243; a Falc&#243;n a impulso de sus convicciones&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hasta que en Semana Santa de 1930, el presidente Hip&#243;lito Yrigoyen indult&#243; a Sim&#243;n. Pero Yrigoyen cometi&#243; un pecado contra la &#233;tica: indult&#243; al preso pol&#237;tico pero lo expuls&#243; del pa&#237;s. Fue embarcado en un buque que cruz&#243; el R&#237;o de la Plata para llevarlo a tierra uruguaya. Con una medida rid&#237;cula: le hacen pagar su pasaje a Montevideo. El expulsado puede hacerlo con el dinero que le han enviado sus compa&#241;eros ideol&#243;gicos desde la Argentina. Incre&#237;ble la peque&#241;ez de esas autoridades.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente desembarc&#243; en Montevideo pero poco despu&#233;s fue detenido y llevado a la isla de Flores, en condiciones lamentables. Hasta que se le permiti&#243; ir a Montevideo y fue enviado de nuevo a la c&#225;rcel. Seis meses despu&#233;s fue liberado. March&#243; entonces a Espa&#241;a para luchar en la Guerra Civil contra el dictador Francisco Franco. Perdida la guerra, viaj&#243; a M&#233;xico. All&#237; vivi&#243; y trabaj&#243; hasta los 65 a&#241;os de edad, cuando muri&#243; de un ataque card&#237;aco. Mat&#243; por idealismo y fue siempre fiel a sus ideales.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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