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	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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	<description>CTA-T, central sindical que agrupa a sindicatos y movimientos sociales en defensa de los derechos laborales y populares en Argentina.</description>
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		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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		<title>Soberan&#237;as</title>
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		<dc:creator>Mar&#237;a Pia L&#243;pez</dc:creator>



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&lt;a href="https://cta.org.ar/-opinion-.html" rel="directory"&gt;Opini&#243;n&lt;/a&gt;


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;La presidenta anunci&#243; la presentaci&#243;n de denuncias contra el persistente colonialismo brit&#225;nico sobre las Islas Malvinas. En los mismos d&#237;as, convoc&#243; a un debate serio sobre la miner&#237;a.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;No muy lejos estaban las declaraciones airadas respecto del modo en que una empresa de origen espa&#241;ol descuida las reservas petrol&#237;feras con el objetivo de girar remesas eludiendo las urgentes inversiones productivas. Hechos discursivos, todos ellos fundamentales y a&#250;n m&#225;s relevantes si pensamos en su enlace, pero que se despliegan coexistiendo con otro tipo de hechos: la militarizaci&#243;n del Atl&#225;ntico Sur encarada por Gran Breta&#241;a; la represi&#243;n de los cortes contra la miner&#237;a en Catamarca. Es decir, los discursos se dirimen en una abonada por sucesos violentos o que anuncian y simbolizan violencia. Pruebas de fuego para los gobiernos populares, que deben refundar su legitimidad permanentemente en el ejercicio de una vasta conversaci&#243;n que se hace de conflictos, tensiones, discusiones y acuerdos. Nunca &#8211;salvo propicios y escasos momentos- de consensos un&#225;nimes. Por eso, las destrezas no deber&#237;an dedicarse tanto a la b&#250;squeda de estas ef&#237;meras unanimidades &#8211;que conocimos en d&#237;as de fiesta o de combate contra un enemigo exterior-, sino a la composici&#243;n democr&#225;tica de lo heterog&#233;neo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fui entusiasta ni&#241;a frente a un televisor en el que un general gesticulaba entusiasmos patri&#243;ticos y una plaza aclamaba. Tambi&#233;n sent&#237; mi fervor. Hasta la cachetada materna que advert&#237;a que ese hecho no pod&#237;a festejarse, bajo ninguna perspectiva. Otros vieron all&#237; el resurgir de causas antiimperialistas. Los m&#225;s, la continuidad de un nacionalismo de bandera y canto colectivo. Cuando Le&#243;n Rozitchner, exiliado en Venezuela discute toda ilusi&#243;n sobre Malvinas, lo hace reponiendo otra idea de naci&#243;n: naci&#243;n de cuerpos (muchos de ellos sufrientes en los campos de concentraci&#243;n; millones padeciendo la exclusi&#243;n social), de materias expropiadas, de tierras acopiadas. Los militares, agentes de esa destrucci&#243;n del pueblo argentino &#8211;de sus potencias pol&#237;ticas, de sus horizontes emancipatorios, de las riquezas comunes- no pueden ser agentes de una recuperaci&#243;n soberana. Porque, &#191;sobre qu&#233; fuerzas reales se asienta la disputa por la soberan&#237;a? Es claro que ahora la situaci&#243;n es opuesta a aquella: el gobierno no est&#225; empe&#241;ado en una contienda b&#233;lica disparatada sino que asienta su denuncia en los foros internacionales en una reiterada legitimidad democr&#225;tica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pregunta de Le&#243;n, sin embargo, sigue resonando: c&#243;mo se liga la naci&#243;n a la tierra, ya que una naci&#243;n no es una mera existencia territorial, sino un cierto conjunto de derechos respecto de los modos de habitar y usar ese territorio. Una naci&#243;n tampoco es una mera unidad ling&#252;&#237;stica porque se sabe que esto que llamamos Argentina implica la coincidencia de lenguas diversas y que es en el respeto de ellas &#8211;y de los derechos de sus hablantes- que se despliega una idea de naci&#243;n bien distinta a los modos de la brusca y disciplinaria homogeneizaci&#243;n que procuraba el Estado a principios del siglo XX. Tampoco es s&#243;lo el fervor colectivo y el reconocimiento mutuo, porque eso siempre es atravesado por variadas formas del desprecio y el conflicto. Nuestra &#233;poca es menos la de una unidad dada de antemano que la resultante de nuevos reconocimientos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Necesitamos una idea de naci&#243;n a la altura de esta &#233;poca pol&#237;tica, una idea de naci&#243;n que no requiera enlaces forzados entre acontecimientos del pasado, porque su existencia es tan potente que se da su propia mitolog&#237;a. En los festejos del bicentenario algo as&#237; se avizoraba, porque se rememoraban un conjunto de hechos, textura de la memoria colectiva, pero encadenados con el recuerdo dolido de las situaciones irredentas. Entre ellas, estaba Malvinas. Pero tambi&#233;n los pueblos originarios y la incesante marcha de las Madres bajo la lluvia de la injusticia. Necesitamos una idea de naci&#243;n no territorial para sostener el reclamo por el territorio de las islas. Pero una idea tal implica afirmar de modos distintos la soberan&#237;a sobre el subsuelo y los socavones, sobre las tierras cultivables y las que est&#225;n en disputa, sobre los hechos coloniales constitutivos de la naci&#243;n &#8211;la sumisi&#243;n de los pueblos ind&#237;genas- y sobre los que el pa&#237;s padece.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde una noci&#243;n material de la naci&#243;n &#8211;insisto, la que involucra los cuerpos y las tierras, las palabras y las riquezas- es tan denunciable la ocupaci&#243;n colonial de las Malvinas como la expropiaci&#243;n mercantil de las reservas petroleras y la desidia con la que algunas empresas tratan la explotaci&#243;n de un territorio al que ven s&#243;lo como superficie extractiva. Petroleras y mineras tienen mucho que dar cuenta ante una discusi&#243;n efectivamente soberana, porque soberan&#237;a no puede ser algo que se omite ante muy relativas regal&#237;as.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y esa soberan&#237;a &#8211;obligaci&#243;n con el presente, con los muertos y sacrificados, y con las generaciones futuras- es de origen popular. No proviene de un pueblo meramente enunciado sino de su abigarrada composici&#243;n actual. Pueblo de m&#250;ltiples rostros e intereses contradictorios. Pueblo en los que hay mineros que defienden sus condiciones de trabajo, empleados petroleros con salarios relevantes, pobladores que no quieren ver convertidas sus ciudades en zonas de sacrificio, militantes que act&#250;an en nombre de sus conciencias y creencias. Pueblo cuya enunciaci&#243;n como tal requiere un fenomenal y arduo trabajo de concordancia o por lo menos de explicitaci&#243;n de los debates en curso. &lt;br class='autobr' /&gt;
N&#233;stor Perlongher pens&#243; la guerra por Malvinas como la lucha por unos desiertos. Para pensar las islas de otro modo &#8211;y no como base abstracta, zona, lugar a tomar, territorio a sumar- hay que partir de una idea de tierra que implique esta soberan&#237;a popular. O sea, una tierra de riquezas y habitada. Desplazar la idea de soberan&#237;a territorial hacia el problema de la capacidad de un pueblo de ejercer la soberan&#237;a nacional: tomar decisiones, someter a la discusi&#243;n democr&#225;tica, hacer visibles las heterogeneidades necesarias. Es bien posible hacer esto en Argentina: se hizo en los largos foros de conversaci&#243;n y confrontaci&#243;n que constituyeron el contenido de la ley de servicios de comunicaci&#243;n audiovisual; se hizo, de otro modo, en el reconocimiento de la diferencia que result&#243; en la ley de matrimonio igualitario; puede llevarse adelante respecto de estos temas que tratan los fundamentos mismos de la naci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es bien posible hacer esto en la Argentina. Es la conversaci&#243;n necesaria, que no puede ser sustituida por desalojos de las protestas en las rutas del pa&#237;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Mar&#237;a Pia L&#243;pez es soci&#243;loga, docente UBA y ensayista.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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